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El dinero genera un poder adquisitivo muy amplio, haciendo que aquellos que lo poseen se sientan dueños de todo, incluso de vidas humanas. Pero, ¿puede el dinero cambiar completamente a una persona, volviéndola avara, egoísta y superficial? La ciencia dice que sí. Un estudio realizado en el 2012 por la Universidad de California, señala que el dinero reduce la empatía y las ansias de ayudar a otros.

Para comprobar la hipótesis, los investigadores sentaron a dos personas a jugar una partida arreglada de monopolio, ya que le otorgaban más dinero a uno de los participantes. Al inicio, el jugador beneficiado se sentía incómodo al tener más dinero que su rival. Sin embargo, con el tiempo su actitud cambió, empezó a burlarse de la otra persona y calculaba fríamente cada jugada.

Sin embargo, puede que no sea necesario tener mucho dinero para reaccionar de manera negativa. Un estudio de la Universidad de Harvard argumenta que los individuos suelen mentir y tomar decisiones poco éticas cuando se les menciona palabras relacionadas al dinero.

La investigación declara que el cerebro al ser expuesto a términos económicos, automáticamente empieza a razonar los beneficios que puede obtener, obligando a la persona a tomar acciones que podrían considerarse moralmente incorrectas.

A esta hipótesis se le suma una investigación que demostró que las personas que conducen un auto caro aumentan cuatro veces sus probabilidades de cerrar y obstaculizar a un vehículo inferior.

Influencia económica

¿Cómo afecta el dinero a las decisiones que uno toma? Para el economista Adam Smith, todas las acciones que toma el hombre buscan su bienestar personal. Partiendo de esa base, el psicólogo Daniel Kahneman realizó una investigación que señalaba que el dinero induce a las personas a pensar de una manera emocional, la cual puede desencadenar una gran serie de errores y tropiezos.

Kahneman también determinó que el dolor que produce una pérdida económica supera al placer generado por una ganancia. Incluso logró cuantificarla, afirmando que por cada 100 euros perdidos uno debe ganar 200 euros, de esta forma logrará superar la tristeza.

En el 2010, un estudio descubrió que una alteración genética en la amígdala cerebral hacía que las personas no sufriesen al perder dinero, a diferencia de un grupo de personas sin esa alteración. Este hallazgo determinó que la amígdala cerebral juega un papel importante en como una persona reacciona frente a situaciones económicas. También se ha visto que el ganar dinero activa los circuitos cerebrales del placer-recompensa, pero de una manera indirecta.