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Recuerdas cuando eras niña y tu madre te decía: “no comas tantos dulces”, “ponte el suéter” o “regresa temprano”. Entonces, te ponías de malhumor porque te sentías grande y no querías más consejos, advertencias o castigos. Hacías un drama.

O aquellas veces en que te repetía una y otra vez lo mismo y tú decidías hacer caso omiso a sus palabras. “Hija, ¿ya estudiaste?”, “¿ya te lavaste los dientes?”, “Ten cuidado con quién sales”…

Las madres quieren cuidarnos y evitar a toda costa que algo o alguien nos lastime, pero a pesar de eso, tenemos que vivir ciertas cosas para crecer y madurar. No obstante, las mamás tienen un sexto sentido, un súper poder que les permite advertirnos de las cosas venideras.

Si tienes la suerte de tener una buena mamá, aprovéchala. Sé su amiga, pero ten claro que ella es tu mamá y que le dolió bastante, por no decir muchísimo, traerte al mundo.

Si ella te pide que por favor te cuides, no tienes por qué no hacerlo. Si te aconseja que tengas cuidado con esa amiga que no hace nada más que mal influenciarte, escúchala.

Ten tu propio criterio y trabaja en eso, pero considera a tu mamá como un aliado que ha vivido más experiencias que tú y que algo te puede decir de la vida que quizás tú no sabes aún.