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Amorosa, honorable, curiosa, creativa y compasiva, así era Gertrude B. Elion, la mujer que en el año de 1988 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos de los principios clave sobre el desarrollo y el tratamiento de medicamentos.

Hija de emigrantes judíos, Elion nació en Nueva York en 1918. Desde niña mostró un magnifico interés por el conocimiento, tal y como relatan Laia Rosich y Félix Bosch, de la Fundación Dr. Antoni Esteve: “fue una persona con gran determinación y perseverancia, lo que le permitió afrontar los prejuicios contra su condición de mujer”. No obstante,  su pasión por la ciencia tuvo una terrible e inolvidable marca desde su juventud: la muerte de su abuelo enfermo de cáncer.

Debido a esta tragedia, años más tarde Elion estudiaría Química en el Hunter College cuando sólo tenía quince años, dos menos de lo que correspondía. Con una gran resolución, la joven consiguió cursar la licenciatura de forma gratuita gracias a su buen expediente académico.

En 1939 inició su maestría en Química en la Universidad de Nueva York. Era la única mujer en un mundo de hombres. Trabajaba por la mañana como recepcionista en un consultorio médico y por las tardes como profesora de química y física. Dedicaba las noches y los fines de semana a estudiar. Mas después de 1941, cuando terminó sus estudios, una nueva tragedia azotó su vida: su prometido falleció de endocarditis bacteriana, una enfermedad hoy curable con penicilina. Sin embargo, la joven química siguió adelante.

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Con  la Segunda  Guerra Mundial todo cambió. Muchos hombres dedicados antes a la ciencia se fueron al frente, por lo que por primera vez, las mujeres podían acceder a puestos de trabajo antes inaccesibles. Así fue como Elion empezó a trabajar como química analítica en una empresa de alimentación, empleo que dejaría al año y medio al encontrar un puesto de investigadora en la farmacéutica Johnson & Johnson.

Esta segunda compañía cerró a los seis meses. En 1944, la joven pudo acceder a un trabajo como ayudante en Burroughs Wellcome, actualmente GlaxoSmithKline. El jefe del laboratorio, George Hitchings, la entrevistó personalmente y quedó impresionado por su inteligencia y energía. Aquella colaboración inicial se convertiría pronto en una de las más brillantes de la historia de la ciencia reciente.

A los dos años de trabajar en el laboratorio de Burroughs Wellcome, Elion se vio obligada a elegir entre el doctorado y su trabajo en la compañía farmacéutica. Por presiones del decano del Brooklyn Polytechnic Institute, donde realizaba la tesis a tiempo parcial, la joven científica abandonó sus estudios de PhD para dedicarse en cuerpo y alma a la ingeniosa labor de sintetizar antimetabolitos. Paradójicamente se convertiría años después en Premio Nobel sin haber obtenido el doctorado, muestra de su capacidad investigadora.

El trabajo con Hitchings dio sus primeros frutos a finales de la década de los cuarenta. Así lograron demostrar que “la inhibición de la síntesis del ADN en las células tumorales, las bacterias y los virus, podía conseguirse utilizando análogos de los ácidos nucleicos”, cuentan Rosich y Bosch. En 1948, Elion sintetizó por primera vez la diaminopurina. Este compuesto inhibía el crecimiento de Lactobacillus casei mediante su incorporación en las cadenas de ADN.

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En 1950 después de años de arduo trabajo, Elion llegaría la pirimetamina, un medicamento exitoso en el tratamiento de la malaria. La lista de fármacos pronto comenzó a engrosarse con la trimetoprima o la azatioprina. En este segundo caso, pudieron demostrar su eficacia como inmunosupresor en pacientes receptores de trasplantes. Otros trastornos, como la gota, la artritis reumatoide o la leishmaniasis, fueron por fin combatidos gracias a la labor de estos investigadores.

Cuando Hitchings se jubiló en 1967, la científica siguió trabajando al frente del grupo como Jefa del Departamento de Terapia Experimental. Meses después llegaría el aciclovir, considerado como el primer fármaco antiviral que bloqueaba la replicación del virus del herpes. Con su retiro en 1983, Elion no dejó de lado su pasión por la ciencia. Continuó como investigadora emérita, ayudando en el desarrollo del primer medicamento contra el SIDA. La zidovudina (AZT) fue el resultado de largos años de trabajo en el campo de la farmacología.

Gertrude B. Elion solía repetirse para sí misma:”nada en la vida llega fácilmente, por lo que no debemos tener miedo de trabajar duro”. Su constancia y esfuerzo cristalizaron en sus mejores premios: tratamientos efectivos para millones de pacientes en todo el mundo. La modestia de la que hizo gala es también muestra de las duras condiciones en las que vivió e investigó. Fruto de todo ello, Elion fue galardonada con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1988, aunque jamás se hubiera doctorado.

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