Captura de pantalla 2014-11-14 a las 15.45.20

Alejandro Abarca, un joven mexicano de 26 años, creó un aparato que sirve para atrapar células tumorales circulantes, que son aquellas que pertenecen a un carcinoma como los de pulmón, páncreas o mama, entre otros, y entran en el torrente sanguíneo de un paciente.

Abarca, ingeniero físico graduado del Tecnológico de Monterrey y de la Singularity University, una institución fundada por la NASA y Google, explicó que el objetivo de su investigación fue crear tecnología de bajo costo que pudiera ayudar a los oncólogos a encontrar terapias que tengan la máxima efectividad.

El joven científico explicó que la mayoría de los esfuerzos a escala mundial para tratar de definir un tratamiento efectivo se han especializado principalmente en ADN, micro-ARN, biomarcadores y proteínas en sangre.

“Están geniales esos métodos y van muy avanzados, pero ¿por qué no mejor buscamos la raíz, las células principales, porque las tumorales circulantes contienen toda la información del la neoplasia y la ventaja de ellas es que una vez que las extraes puedes hacerles secuenciación genética, perfiles bioquímicos, etc? Entonces pensamos que si pudiéramos capturar esas células sería lo ideal, porque así, con una sola muestra, podemos ayudar muchísimo a los médicos”, explicó el creador.

“En las pruebas que hemos hecho, al menos para monitoreo de cáncer en etapas dos, tres y cuatro, el aparato es bastante efectivo y fácil de hacer, desde su origen pensamos en que fuera manufacturable a escala global y que no requiriera ninguna técnica exótica para su fabricación”, comentó Abarca.

Además, “calculamos que la desechable, sin tomar en cuenta la electrónica, puede costar 16 dólares, es bastante económica porque realizar una prueba con nuestro aparato no costará más de 270 pesos y con los aparatos que hay en el mercado para búsqueda de células tumorales cuestan entre 7 mil y 8 mil pesos”.

Desde que empezó su investigación, Abarca se dio cuenta de que los inventos y los análisis que se utilizan actualmente son extremadamente costosos porque dependen de bioquímicos y anticuerpos en general, por lo que se abocó a desarrollar algo más accesible, y su invento, que ya está patentado, se puede comercializar en no más de 500 dólares.

El joven dijo que empezó con otros tres colegas su investigación, en la que ya se han involucrado 32 personas, entre las que destacan científicos de la Universidad de Stanford como David Mohler, especialista en sarcomas, y Stephanie Jeffrey, que dirige la investigación quirúrgica oncológica de esa institución y “nos ayudó mucho con las pruebas del aparato”.