Modo Oscuro

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Un equipo de investigadores de la Facultad de las Artes y las Ciencias de la Universidad de Harvard, la Escuela de Medicina de Harvard y el Instituto Wyss de Ingeniería Inspirada Biológicamente ha creado un sistema que utiliza bacterias para convertir la energía solar en combustible líquido.

Su trabajo consiste en una hoja artificial, que emplea un catalizador para hacer que la luz solar divida el agua en hidrógeno y oxígeno, y una bacteria, llamada Ralstonia eutropha, diseñada para convertir el dióxido de carbono (CO2) en isopropanol.

La hoja biónica, como la llaman con cariño Daniel Nocera, su investigador principal y profesor de Energía en Harvard, depende de catalizadores preparados a partir de materiales que son baratos y fácilmente accesibles, al tiempo que son compatibles con las condiciones de crecimiento que necesita un organismo vivo, como una bacteria.

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No obstante, el desafío inmediato del equipo es aumentar la capacidad de la hoja biónica para traducir la energía solar en combustible. Su meta es un 5% de eficiencia, en comparación con la tasa natural del 1% de eficiencia de la fotosíntesis para convertir la luz solar en biomasa.

No es la primera vez que se emplean bacterias para conseguir energía, pero supone un paso importante en el camino. En septiembre de 2013, científicos coreanos consiguieron fabricar gasolina sin necesidad de recurrir al petróleo ni a ningún combustible fósil, gracias a la biología sintética. En lugar de petróleo, utilizaron la bacteria Escherichia coli (E. coli), que vive en el intestino, entre las heces humanas. Lo que puede significar que aunque estos avances sean pequeños podrían tener un futuro promisorio.

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