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Los científicos lo llevan diciendo mucho tiempo: las matemáticas encierran en su interior la misma belleza del arte o de la música. Hoy, un grupo de investigadores de Inglaterra y Escocia ha logrado, por primera vez, demostrar científicamente la exactitud de esa afirmación. Y es que, a pesar de su naturaleza abstracta, la belleza de las matemáticas provoca una respuesta cerebral en la misma región que reacciona frente a los más diversos estímulos artísticos, sensoriales.

Los investigadores pidieron a 15 matemáticos que observaran con atención una serie de 60 ecuaciones, y que las votaran en una escala que iba desde el -5 para las que consideraran más feas hasta el +5 para las más bellas. Después escanearon a los sujetos y obtuvieron imágenes de sus cerebros por resonancia magnética al mismo tiempo que se les volvían a mostrar las ecuaciones. El análisis reveló que comprender lo que significa la ecuación es necesario, pero no suficiente, para considerarla bella. De hecho, algunas de las fórmulas de la lista eran perfectamente comprendidas por todos los participantes, pero no fueron consideradas hermosas por ninguno de ellos.

Esta distinción permitió a los investigadores separar la actividad cerebral relacionada con la comprensión de la que se produce al sentir la belleza. Esta última, en efecto, tiene lugar en una zona llamada corteza orbitofrontal media, situada justo detrás de los globos oculares y donde se integran las experiencias sensoriales, las emociones y la toma de decisiones.

Estudios anteriores habían mostrado que este área concreta se muestra muy activa cuando los sujetos estudiados ven u oyen algo, por ejemplo, arte o música, que ellos perciben como hermoso. La belleza, sin embargo, es un concepto que puede resultar engañoso para los investigadores que intentan desentrañar sus misterios, debido a su carácter fuertemente subjetivo: lo que es bello para unos puede no serlo para otros.

Semir Zeki, neurocirujano y autor principal del estudio, considera que esta capacidad de considerar bellas a las matemáticas podría ser parte de una profunda conexión entre el cerebro humano y el mundo natural que nos rodea. El hecho de que “hallamos evolucionado en este Universo”, puede significar que “la experiencia de la belleza podría ser como un puntero que apunta directamente hacia las verdades acerca del Universo”.

Otros matemáticos aseguran que se “esfuerzan en hacer ecuaciones bellas de la misma forma en que un compositor o un pintor haría con sus creaciones”. Y ese esfuerzo por conseguir algo bello ha llevado, según Zeki, a lograr resultados increíbles: “Relegar la belleza al estudio del arte y dejar fuera a la Ciencia ya no es justificable”.