Modo Oscuro

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El descubrimiento de las huellas gravitacionales primordiales, la señal que confirmaría que en los primeros instantes después del Big Bang se produjo un crecimiento colosal del universo, pierde credibilidad.

Tras el anuncio rotundo del hallazgo, el pasado marzo, por parte de los científicos del telescopio BICEP-2 situado en el Polo Sur, surgieron dudas acerca de si los análisis de los datos habían sido suficientemente rigurosos. Dicha incertidumbre comenzó a circular en blogs de física y revistas científicas estadounidenses como Science y New Scientist.

Por lo que los mismos investigadores de la teoría, pusieron en duda su detección de las marcas remanentes de esas ondas gravitacionales, ondulaciones en el espacio tiempo del cosmos primitivo, y reconocieron que los datos no eran tan firmes como dijeron, aunque mantienen la confianza en sus notas.

Uno de los problemas que hicieron saltar las primeras voces discordantes tras el anuncio del descubrimiento, era el hecho de que los científicos de BICEP-2 habían utilizado unos datos aún provisionales del telescopio Planck de la Agencia Europea del Espacio (ESA), presentados en una platica.

Dada la importancia de esas ondas gravitacionales primordiales, no es de extrañar la atención y la polémica suscitada en torno a los resultados de BICEP-2. “La inflación –la hipótesis de que el universo sufrió una fase de expansión superluminal en un brevísimo período de tiempo tras el Big Bang- tiene el potencial de explicar, desde sus principios básicos, por qué el universo tiene la estructura que vemos hoy en día”, afirma el científico Lawrence Krauss de la Universidad de Arizona , en la web de la Sociedad Americana de Física. Pero inmediatamente añade un margen de duda: “Si se confirman los hallazgos de BICEP-2”. “En cualquier caso, se espera que varias observaciones que irán llegando, del telescopio Planck y de otros detectores, resuelvan esta importante ambigüedad el año que viene”, añade Krauss.

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