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Creado por Omar Solorza, Naaya, que significa limpio en zapoteco, es un automóvil que abre la posibilidad de trasladarse empleando energía renovable y sin contaminar el ambiente.

El prototipo funciona a través de procesos electroquímicos, que consisten en transformar el agua y el oxígeno del aire en hidrógeno, que al pasar por celdas que constituyen el sistema de arranque se convierten en electricidad, provocando que el vehículo pueda avanzar, utilizando 350 watts para ello.

Naaya es el tercer prototipo creado por Solorza, investigador oaxaqueño, que fue presentado en la explanada del Templo de Santo Domingo, en una coordinación entre el Consejo Oaxaqueño de Ciencia y Tecnología (Cocyt) y el Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO), generando asombro de los transeúntes, por ser único en su tipo.

Sin embargo, tras la innovación y avance que Naaya representa, no todo es positivo. El ingeniero químico industrial habló también de las desventajas que tendría el producir un gran número de automóviles ecológicos, los costos de producción, que alcanzan un gasto cuatro veces mayor del requerido para fabricar un auto común.

El creador señaló que a partir del próximo año, las grandes cadenas automotrices empezarán a lanzar vehículos similares, por lo que México tiene la posibilidad de iniciar con la formación de recursos humanos para poder crear una industria automotriz ecológica.

“Oaxaca es un estado rico en recursos naturales. En el Istmo, los aerogeneradores producen energía que alimenta a ciudades enteras, pero ésta es utilizada por otros estados y países. Hay que aprovechar nuestra energía, desarrollar algo para nosotros mismos”, señalo el científico.

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