Modo Oscuro

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Argumentada por filosos, nobles, biólogos  y escritores la teoría de la impregnación de una mujer enamorada por el hombre que amó hoy traspasa toda frontera y llega a manos de la ciencia. ¿A qué se refiere la impregnación y es posible que suceda? Este fenómeno argumenta que los hijos de una mujer pueden tener más aparecido a una expareja de la madre que al mismo progenitor. Y los investigadores dicen que sí, que esto es posible.

El biólogo alemán August Weismann batizó como telegonía este curioso fenómeno, que podía incluso observarse en la descendencia de mujeres viudas con un segundo marido. En ocasiones, los hijos del segundo matrimonio se parecían al primer marido y mostraban características propias de éste tan llamativas como el pelo rojo aunque sus progenitores fuesen morenos.

Hoy, un trabajo publicado en la revista Ecology Letters demuestra por primera vez que esta forma de herencia no genética puede darse en moscas. Para ello, un grupo de científicos australianos liderados por Angela Crean cruzaron moscas inmaduras, como sugería Weismann, con machos grandes y pequeños. Cuando ya eran fértiles, cruzaron a las hembras de nuevo y lo que encontraron fue que “a pesar de que el segundo macho engendró la descendencia, el tamaño de la progenie lo determinaba el de la anterior pareja sexual de la madre”.

Este descubrimiento supone que “la primera impregnación tendría más probabilidades de influir en la hembra que las posteriores, en parte porque es más joven, y en parte porque las impregnaciones posteriores tendrían que compartir su influencia con las anteriores», como explica Yongsheng Liu, del instituto Henan de Ciencia y Tecnología de Xiangsiang, China, en un artículo publicado recientemente en la revista Gene.

 

¿Qué pasa con los humanos?

“El esperma, después de penetrar en el útero, es absorbido por el organismo femenino y ejerce una influencia sobre los óvulos que aún no están maduros”, como sugería ya Weismann.

Liu argumenta que hay descubrimientos recientes que permitirían considerar que esta antigua teoría no es tan descabellada. Por ejemplo el hecho de que los genes del feto pasen a la sangre de la madre, o, como publicó Bendich en Science en 1974, que el esperma pueda penetrar en otras células del organismo distintas de los óvulos. Otro argumento: la capacidad del ARN masculino presente en las embarazadas para provocar reordenamientos genéticos que varían la expresión de los genes. Según Liu, el ARN de los espermatozoides podría también alcanzar los óvulos inmaduros provocando esa impregnación.

“Podemos imaginar que durante el coito millones de espermatozoides que contienen ADN se depositan en el cuerpo de la hembra y los que no se utiliza en la fertilización son absorbidos por el mismo. Si este ADN extraño se llega a incorporar en las células somáticas y los óvulos inmaduros, la descendencia podría mostrar esta influencia en su constitución genética, y de ese modo proporcionar otra base para telegonía”, argumenta Liu. Una influencia que dejaría su huella visible en el parecido con la anterior pareja de la descendencia engendrada con otro compañero distinto.

Este fenómeno, conocido como telegonía, no es muy frecuente, como tampoco lo es que el ADN o ARN de los espertazoides pueda influir en otros óvulos aún no maduros que pueden llegar a fecundarse posteriormente, lo que añade, según Liu una prueba más a sus argumentaciones, que parecen verse refrendadas por el hallazgo hecho ahora en las moscas.

 

 

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