mitos-el-bostezo-contagioso-2En 1986, el psicólogo Robert Provine dijo: “el bostezo puede tener el dudoso honor de ser, de entre todos los comportamientos humanos más comunes, el menos comprendido”. Hoy, a 30 años después de esa aclaración, seguimos con muchas dudas, mas la intuición ha llevado a pensar a los expertos que el bostezo debe tener alguna utilidad si a través de la evolución lo seguimos conservando.

A continuación, te presentamos algunas de las teorías que intentan explicar su existencia y prevalencia, no sólo para los humanos, sino también para animales como los monos, gatos, perros, pájaros y peces.

bostezo1. Teoría de la oxigenación. Hay quienes creen que cuando nuestros niveles de oxígeno disminuyen (lo que tiende además a provocar somnolencia), el bostezo viene para inyectar una dosis rápida que permitiría contrarrestarlo. Pero una buena parte de los científicos rechazan esta idea: entre otras cosas, porque empezar a respirar con más rapidez se alza como un mecanismo mucho más eficaz y, por lo tanto, tendería a ser “el elegido”.

Sin embargo, como afirma Matthew Campbell, profesor de psicología en la Universidad de California, “no se han hecho experimentos adecuados que midan directamente el cambio en el oxígeno provocado por los bostezos”. Por lo tanto, la hipótesis aún no debe descartarse.

Por-que-es-contagioso-el-bostezo-42. Teoría de la activación. La mayor parte de los bostezos ocurren antes y después del sueño, o cuando nos sentimos adormilados. Al bostezar, mejoraría nuestro nivel de alerta (el cerebro le intenta decir al cuerpo: “no duermas, mantén la vigilancia”). Sin embargo, aunque hay algunos indicios que apuntan a ello, cuando se intentó comprobar directamente, no se vieron diferencias en la “alerta” de antes y después de bostezar, al menos con las herramientas empleadas. Como en el caso anterior, es una probabilidad sin descartar, con pruebas a favor, pero aún por demostrar.

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3. La teoría de la temperatura. Esta es una de las teorías que más fuerza ha ganado últimamente, como demuestra este estudio de la Universidad de Princeton. Se basa, fundamentalmente, en que bostezar permitiría disminuir la temperatura, “refrigerar el cerebro”. La lógica: que la temperatura antes de dormir es justamente la más alta del día y que al bostezar conseguiríamos que el cerebro funcione mejor, como afirma Gallup en Bostezo y termoregulación.

Algunas pruebas a favor: que antes de bostezar hay un aumento de temperatura que baja después de cada boqueada y que lo hacemos más cuando la temperatura ambiente es templada y menos cuando es fría. Se ha demostrado que los bostezos desaparecen, prácticamente, con un paño de agua gélida en la frente.

Para Andrew Gallup, profesor de psicología en la Universidad del Estado de Nueva York y uno de los principales investigadores en esta teoría, “la termorregulación ofrecida por los bostezos ha sido confirmada y replicada en varios experimentos”. De hecho, “hasta la fecha ningún estudio ha podido demostrar lo contrario”, incide. Y va más allá: “Personalmente, creo que esta teoría es la que explica que el bostezo pueda aumentar el estado de alerta”. Campbell es de una opinión parecida: “Ambas hipótesis, incluso las tres, son compatibles”. Pero advierte de que incluso las evidencias de esta última también tienen limitaciones.

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