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Al parecer el Galaxy Note 7 no estaba del todo muerto. Yacía en ese ataúd a 50 km bajo tierra y cemento junto con varios cartuchos de E.T. y con una leyenda sobre él que decía: “¿Quién soy yo?”. Samsung tiene otros planes para él, como volverlo a vender pero reconstruido.

El asunto es que Samsung se dio cuenta que tiene demasiados de esos teléfonos amontonados por ahí y se le ocurrió que era mejor reciclarlos para volverlos a vender (quitando todas sus partes explosivas claro).

Esta noticia la dio a conocer la empresa surcoreana a través de un comunicado oficial en el que menciona un plan “ecológico” para aprovechar esos teléfonos malditos que aún tienen en sus bodegas y que no sabían qué hacer con ellos.

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Al proceso de extracción de partes y posterior reconstrucción del teléfono tiene el nombre de refurbished, y tiene la ventaja de tener un precio más bajo junto con un certificado oficial de funcionamiento. Esto es precisamente lo que Samsung hará con el también llamado Bomb 7.

Habrá que ver en qué mercados piensan venderlos y si algunos países como Estados Unidos permitirán que los usuarios lleven este modelo maldito en sus aviones.