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Adicción y huellas difíciles de borrar son algunos de los riesgos que pueden experimentar las personas cuya dependencia a WhatsApp es innegable. El uso excesivo de este servicio de mensajería provoca problemas de aprendizaje, disminuye la capacidad de retención y la confrontación cara a cara con los otros.

El término “WhatsAppitis” refiere a la necesidad de una persona a estar conectada, pasar varias horas mirando WhatsApp, evitar el contacto personal y referir siempre a esta aplicación sea cual sea el contenido de la conversación, y escuchar alertas de WhatsApp sin que se haya recibido ningún mensaje.

La adicción a las aplicaciones de mensajería también pueden ocasionar molestias físicas como la tendinitis, la inflamación de algún tendón provocada por el esfuerzo constante de los mismos en las manos. Concretamente, esta se podría manifestar tras enviar reiteradamente mensajes de texto a través del teléfono debido a la tensión de los dedos pulgares.

Otro inconveniente que puede presentarse es la nomofobia, término clínico que define a una persona que siente pavor ante la idea de salir de casa sin su smartphone. Provoca aumento de estrés y desánimo en los usuarios, los cuales no pueden evitar estar constantemente conectados a Internet y a WhatsApp.

Igualmente, el doctor Juan Cuadros Moreno, médico internista del Hospital Ángeles, menciona que el uso excesivo de esta aplicación u otras similares, puede producir lo que se conoce como Phubbing, que consiste en no hacer caso a las personas que te rodean y centrar toda tu atención en el celular.

De una forma u otra, actualmente se consulta el smartphone una media de 150 veces cada día, según diversos estudios, ya que los usuarios consultan su teléfono, sólo por si ha pasado algo. Sin embargo, ese algo viene de un contexto nuevo, como las aplicaciones de mensajería instantánea, en donde WhatsApp es el rey del mercado, con 600 millones de usuarios en todo el mundo.